EMULANDO IDEALES

San Bruno de Colonia, un presbítero que enseñó ciencias eclesiásticas en la Galia. Sin embargo, su interés por llevar una vida solitaria le llevó a trasladarse a los Alpes, donde fundó una Orden que conjuga la soledad de los eremitas con la vida común de los cenobitas.

Durante toda la jornada, según los datos facilitados por el INE, aproximadamente unos 23.000 hombres de todo el país podrían festejar su santo y, con ello, estar expuestos a las felicitaciones por parte de sus familiares y amigos.

Confesor, autor eclesiástico y fundador de la Orden de la Cartuja, San Bruno de Colonia nació en Alemania hacia el año 1030 y falleció en el mes de octubre del año 1101. Siendo todavía joven, el alemán dejó su ciudad para dirigirse a la localidad francesa de Reims, donde se destacó como un buen alumno en teología y se especializó en la Sagrada Escritura. Años más tarde pasó a ser el director de la Escuela de la catedral de la localidad, así como canónigo y canciller-secretario de la archidiócesis.

Con un futuro brillante por delante, optó por abandonar la ciudad francesa y buscar un lugar solitario donde poder llevar una vida eremítica. Su primer intento fue en Molesmes, donde no aguantó mucho y se encaminó hacia Grenoble, atraído por la fama de santidad del obispo Hugo. Allí, acompañado de siete monjes cartujos, los primeros de su Orden, fue recibido por el obispo de forma paternal.

Hugo los conduce a un lugar solitario en las montañas de Chartreuse, donde comienzan a llevar la vida eremítica que ansiaban y terminan por fundar la Sagrada Orden Eremítica de la Cartuja. Tras más de media vida allí, en 1090, un antiguo alumno suyo en Reims, el papa Urbano II, lo llama a Roma para que ayude al sumo pontífice en la prosecución de la Reforma Gregoriana, la cual fue impulsada por varios papas anteriores.

Sin embargo, no había pasado ni un año desde su llegada a Roma, cuando Bruno hizo saber al papa que no se había adaptado a la ciudad, por lo que deseaba volver a su estilo de vida anterior. Urbano II lo aceptó pero le pidió que no se apartara de Italia, por lo que en lugar de volver a la Cartuja, Bruno se retiró a la región de Calabria, donde vivió sus últimos años de vida y fundó un segundo eremitorio, el de Santa María della Torre.

La fecha de hoy en el santoral católico está dedicada a la Virgen del Rosario, a quien se le rinde homenaje por medio del Rosario o corona mariana, una invocación que popularizó el papa Pío V el día aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la batalla de Lepanto (1571). Un logro que se atribuyó, por tanto, a la Madre de Dios.

Cuenta la leyenda que un día la Virgen se le apareció a Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de los Predicadores, en el año 1208 en la capilla del monasterio de Prohuilhe, en Francia, portando un rosario en sus manos. Según los escritos, le enseñó a rezar y le dijo que se lo mostrara a los hombres fieles a la religión.

Para los católicos, el rosario es un rezo tradicional que conmemora veinte 'misterios' llevados a cabo por María o Jesucristo, cada uno de ellos están divididos en cinco temas o rezos que se dividían en cada día de la semana:

 - Lunes y sábados. Son los días fijados para los denominados Misterios Gozosos, cuyos temas a los que dirigen los rezos son: la encarnación del Hijo de Dios, la visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel, nacimiento de Jesús, la Presentación del Señor Jesús en el templo y la pérdida del Niño Jesús y su hallazgo en el templo.

 - Martes y viernes. En estos días el rosario invoca los Misterios Dolorosos, cuyos temas son: la Oración de Nuestro Señor en el Huerto de Getsemaní, la flagelación del Señor, la coronación de espinas, el Camino del Monte Calvario cargando la Cruz y la Crucifixión.

 - Miércoles y domingo. Ambos días engloban los llamados Misterios Gloriosos, y en ellos se conmemora: la Resurrección del Señor, la Ascensión, la aparición del Espíritu Santo, la Asunción de la Virgen y su Coronación.

Jueves. Este día está exclusivamente dedicado a los Misterios Luminosos, en los que se recuerda el Bautismo de Jordán, la autorrevelación en las bodas de Caná, el anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión, la Transfiguración y la Eucaristía.

Aunque este es un día dedicado especialmente a la Virgen del Rosario, no es la única santa que se celebra hoy. Esta es la lista completa del santoral del 5 de octubre:

  • San Augusto de Bourges
  • San Baco de Betsaloe
  • Santa Justina de Padua
  • San Marcelo de Capua
  • San Marcos papa
  • San Paladio de Saintes
  • San Sergio de Betsaloe
  • Beato José Llosá Balaguer
  • Beato Juan Hunot

Beato Martín el Cid

Francisco de Asís nació en Asís (Italia), en el año 1181/1182. Después de una juventud disipada, se convirtió y de él tuvo origen la Orden de los Hermanos Menores, comúnmente conocida como Franciscanos. Pronto una mujer joven, Clara de Asís, quiso compartir su forma de vida y de ella nació la Orden de las Hermanas Pobres, más tarde fueron llamadas Clarisas. Él también inspiró el nacimiento de la Tercera Orden Franciscana, hoy conocida como Orden Franciscana Seglar, que también reconoce a san Francisco como su fundador. En 1219/1220 Francisco fue a Egipto, donde se reunió con el Sultán; este encuentro inspiró el origen de la Custodia de Tierra Santa, que es el nombre de la comunidad de frailes que mantienen la antigua presencia franciscana en Jerusalén y ayudan a mantener viva la memoria de la presencia de Jesús en los santos lugares.

Francisco recibió los estigmas en 1224 en la Montaña de La Verna, y al año siguiente compuso el Cántico del Hermano Sol, un poema de oración y de alabanza a Dios, el Creador de todo lo que existe. En 1979, esta oración y su actitud de reverencia hacia todas las cosas creadas le llevaron a ser proclamado “celeste Patrono de los cultivadores de la ecología”. Francisco murió el 4 de octubre de 1226 en Asís y fue declarado santo en 1228.

Teresa era la última de cinco hermanas - había tenido dos hermanos más, pero ambos habían fallecido - Tuvo una infancia muy feliz. Sentía gran admiración por sus padres: «No podría explicar lo mucho que amaba a papá, decía Teresa, todo en él me suscitaba admiración”. Cuando sólo tenía cinco años, su madre murió, y se truncó bruscamente su felicidad de la infancia. Desde entonces, pesaría sobre ella una continua sombra de tristeza, a pesar de que la vida familiar siguió transcurriendo con mucho amor. Es educada por sus hermanas, especialmente por la segunda; y por su gran padre, quien supo inculcar una ternura materna y paterna a la vez. Con él aprendió a amar la naturaleza, a rezar y a amar y socorrer a los pobres. Cuando tenía nueve años, su hermana, que era para ella «su segunda mamá», entró como carmelita en el monasterio de la ciudad. Nuevamente Teresa sufrió mucho, pero, en su sufrimiento, adquirió la certeza de que ella también estaba llamada al Carmelo. Durante su infancia siempre destacó por su gran capacidad para ser «especialmente» consecuente entre las cosas que creía o afirmaba y las decisiones que tomaba en la vida, en cualquier campo. Por ejemplo, si su padre desde lo alto de una escalera le decía: «Apártate, porque si me caigo te aplasto», ella se arrimaba a la escalera porque así, «si mi papá muere no tendré el dolor de verlo morir, sino que moriré con él»; o cuando se preparaba para la confesión, se preguntaba si «debía decir al sacerdote que lo amaba con todo el corazón, puesto que iba a hablar con el Señor, en la persona de él».

Cuando sólo tenía quince años, estaba convencida de su vocación: quería ir al Carmelo. Pero al ser menor de edad no se lo permitían. Entonces decidió peregrinar a Roma y pedírselo allí al Papa. Le rogó que le diera permiso para entrar en el Carmelo; el le dijo: «Entraréis, si Dios lo quiere. Tenía ‹dice Teresa‹ una expresión tan penetrante y convincente que se me grabó en el corazón».

En el Carmelo vivió dos misterios: la infancia de Jesús y su pasión. Por ello, solicitó llamarse sor Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Se ofreció a Dios como su instrumento. Trataba de renunciar a imaginar y pretender que la vida cristiana consistiera en una serie de grandes empresas, y de recorrer de buena gana y con buen ánimo «el camino del niño que se duerme sin miedo en los brazos de su padre».

A los 23 años enfermó de tuberculosis; murió un año más tarde en brazos de sus hermanas del Carmelo. En los últimos tiempos, mantuvo correspondencia con dos padres misioneros, uno de ellos enviado a Canadá, y el otro a China, y les acompañó constantemente con sus oraciones. Por eso, Pío XII quiso asociarla, en 1927, a san Francisco Javier como patrona de las misiones.

Cuando sólo tenía quince años, estaba convencida de su vocación: quería ir al Carmelo. Pero al ser menor de edad no se lo permitían. Entonces decidió peregrinar a Roma y pedírselo allí al Papa. Le rogó que le diera permiso para entrar en el Carmelo; el le dijo: «Entraréis, si Dios lo quiere. Tenía ‹dice Teresa‹ una expresión tan penetrante y convincente que se me grabó en el corazón».

En el Carmelo vivió dos misterios: la infancia de Jesús y su pasión. Por ello, solicitó llamarse sor Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Se ofreció a Dios como su instrumento. Trataba de renunciar a imaginar y pretender que la vida cristiana consistiera en una serie de grandes empresas, y de recorrer de buena gana y con buen ánimo «el camino del niño que se duerme sin miedo en los brazos de su padre».

A los 23 años enfermó de tuberculosis; murió un año más tarde en brazos de sus hermanas del Carmelo. En los últimos tiempos, mantuvo correspondencia con dos padres misioneros, uno de ellos enviado a Canadá, y el otro a China, y les acompañó constantemente con sus oraciones. Por eso, Pío XII quiso asociarla, en 1927, a san Francisco Javier como patrona de las misiones.

La Iglesia Católica celebra cada 1 de agosto la fiesta de San Alfonso María de Ligorio (1696-1787), Doctor de la Iglesia en virtud de sus escritos sobre moral y uno de los santos más populares del siglo XVIII. Fue fundador de la Congregación del Santísimo Redentor, cuyos miembros son conocidos como Redentoristas. Además, es patrono de confesores y moralistas.

Este santo italiano, natural de Nápoles, es autor de numerosas obras: “La práctica de amar a Jesucristo”, “La preparación para la muerte”, “Las glorias de María”. Un lugar especial entre sus obras ocupa la “Teología moralis”, escrito de gran influencia en la formación del sacerdocio.

San Alfonso predicaba con sencillez y le enseñaba a sus misioneros que “un sermón sin lógica resulta disperso y falto de gusto. Un sermón pomposo no llega a la masa. Por mi parte, puedo deciros que jamás he predicado un sermón que no pudiese entender la persona más sencilla".

Entre sus frases más conocidas está: “No hay gente débil y gente fuerte en lo espiritual, sino gente que no reza y gente que sí sabe rezar”.

Benedicto XVI explicó a los fieles un día como hoy, en 2012, que este santo "nos recuerda que la relación con Dios es esencial en nuestra vida: sin la relación con Dios falta la relación fundamental" y que "Dios nos ha creado por amor, para podernos donar la vida en plenitud”.

San Alfonso María falleció a la edad de 90 años, el 1 de agosto de 1787. Fue canonizado en 1839 y declarado Doctor de la Iglesia en 1871. 

Su nombre significa “listo para el combate” y es representado generalmente con el crucifijo en las manos, libros, el rosario o la figura de la Santísima Virgen María, a quien tenía una profunda devoción.

https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-la-fiesta-de-san-alfonso-maria-de-ligorio-doctor-de-la-iglesia-22195

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